El Pueblo Guaraní Cuenta algunas variadas leyendas
sobre el Irupé (plato que lleva el agua),aunqueno
son tantascomo sus muchos nombres. Esta hermosa
planta acuática es propia de los humedales de los Esteros
del Iberá y los ríos Paraná y Paraguay, donde recibe
distintas denominaciones como: Victoria regia y Loto gigante.
Irupé
La Lingüística, con los resultados de múltiples estudios semiológicos, morfológicos, semánticos y pragmáticos ha aportado información (aunque discutida) sobre la etimología del término Irupé. Pero esel Folclore, otra rama de la Antropología, la que sirve de base para esta aproximación a esta historia.
Irupé
El Irupé es una
de las flores más curiosas de la flora mesopotámica. De tiempos
remotos los pobladores de esa región elaboraban un pan delicioso con los exquisitos granos
de su fruto. Pero más ricas aún fueron las
inspiradas narraciones a que dio lugar. Aquí van dos diferentes versiones
para considerar y disfrutar.
Irupé –Jesús Felipe
Estrella (Yasí Ratá) disfrutaba con
la visión nocturna del cielo poblado de astros y especialmente amaba a
la Luna. Esto quizás se debiera a que la jovencita había
nacido con un mal incurable que en muchos aspectos la
limitaba. Tal vez compensatoriamente desde pequeña
quería a nuestro único satélite natural y vivía por
y para ella.
La Luna
Las
noches en que este bien amado cuerpo celeste no aparecía,
ella las pasaba enteras insomne y llorando. Y
cuando aquella, surcaba pálida y raudamente la
inmensidad tachonada de estrellas, la joven enamorada
vestía sus mejores galas, para disfrutar de ese
singular y celeste idilio. Se
veía entonces hermosísima, con el halo
sobrenatural que a su rostro le daba la luz de su
amante.
Estrella (Yasí Ratá) y la Luna
Así se amaron por mucho
tiempo. Hasta que un día YasíRatá harta yade
vivir tan lejos de su celestial amante, en su desesperación decidió
ir en su busca. Subió a uno de los árboles más altos y desde allí le tendió
los brazos para que su amor la recogiera. Pero su enorme
esfuerzo fue inútil.
Estrella (Yasí Ratá) y la Luna
Entonces Yasí Ratá bajó
y trepó hasta alcanzar la cima de la montaña más
alta y allí esperó el paso de la Luna, pero también fue en
vano. Descorazonada por el fracaso, desesperanzada y vencida volvió
al valle. Anduvo por allí un largo tiempo. De sus
pies heridos, desgarrados tanto por las piedras como por las
espinas, manaba abundante sangre.
Pies heridos
En
su esforzada marcha llegó a un lago de aguas claras. Estrella se
miró en ellas y vio su figura reflejada junto a la de
la Luna. Eso era maravilloso. Sin
dudarlo ni por un solo instante, se arrojó a sus
brazos virtuales. Pero la ilusoria imagen se desvaneció y las
aguas se cerraron sobre ella cubriendo para siempre sueño su imposible.
Estrella (Yasí Ratá)
El buen
dios Tupá, compadecido de aquel gran amor, transformó a Yasí Ratá en Irupé, quecon sus
hojas en forma de disco lunar que mira hacia el cielo en procura
de su ideal. Por la noche la flor cierra sus pétalos
cubriendo así las heridas de Estrella.
Pero, cuando la Luna aparece, se abre como
si platicara con ella.
Irupé
Irupé, La Flor de la Luna
Otra versión de la leyenda de la flor del Irupé habla
del amor entre dos jóvenes que formaban una pareja
envidiable: la dulce y hermosa Morotí (Blanca) y el
fuerte y valiente Pitá (Rojo). Dicen que un
día mientras ellos paseaban por las orillas del
río Paraná, ella (para vanagloriarse ante sus amigas) arrojó su
brazalete para que él lo rescatara.
Morotí y Pitá
Para presumir, Morotí les dijo a sus
compañeras que Pitá iría a recogerlo, ya que él la
amaba tanto que no soportaría verla triste por la pérdida de ese
objeto. Las amigas le dijeron que era muy peligroso, pues el río allí
era muy bravo. Sin embargo,
a esto ella respondió que él era el mejor nadador y
que por su amor se lanzaría al rescate.
Morotí y Pitá
Luego Morotí llamó urgentemente a su
enamorado, quienpronto
se lanzó a las aguas. Pero Pitá no volvió
a subir a la superficie. Ella desesperada mandó a llamar al chamán para
que le dijera qué había sucedido con él. El brujo después deobservar yanalizar el
río, dijo que Pitá estaba bien.
Pitá
Pero también agregó que el joven estaba
en el fondo de las aguas con I-Cuña-Payé, la hechicera de
los ríos. Esta prodigiosa encantadora se había enamorado de él y le había
prometido todas sus enormes riquezas a cambio que se quedara allí con
ella. Y Pitá, confundido,había aceptado su insólita propuesta.
Chamán
Morotí aconsejada por el chamán de
la tribu se sumergió también, para buscar bajo las aguas
a su amado Pitá. Pasó tiempo y ninguno de ellos
volvió verse en la superficie de las aguas. Pero, sin embargo, al
amanecer los guaraníes notaron que sobre ellas flotaba una rara planta con una flor más extraña aún.
Irupé - Gerónimo Rodríguez
El agorero tribal la interpretó como
un símbolo. Los dos enamorados habían
encarnado en los pétalos, según sus propios nombres: en los blancos, la
bella Morotí y en los rojos, el
galán Pitá. Esta historia inspiró versiones literarias y
plásticas, como la obra Irupé, realizada en tinta y
acrílico por el artista Gerónimo Rodríguez.
La leyenda de la flor del Irupé
La Mariposa Leyenda Guaraní
Mariposa
La tribu del caciqueTaguató tenía,
según el Puebloguaraní Cuenta, las doncellas más bonitas.
Por esa razón muchos guerreros de otras, se acercaban con regalos
para casarse con alguna de ellas e incorporarse a ese grupo. Panambi era
considerada como la más bella y coqueteaba con todos, los encantaba y
luego los desdeñaba.
Panambi
En un mal
día llegaron los blancos. Al tiempo los invasores se enfrentaron con los
aborígenes en una batalla sangrienta. Después de finalizada, Taguató
y los suyos volvieron como vencedores, habiendo hecho algunos prisioneros.
Entre ellos había un apuesto joven rubio, de cabellos dorados y ojos de color
azul celeste. De él Panambi se enamoró a primera vista.
Conquistadores
Añá (la principal figura
maligna) aconsejó a los brujostribales a quemar a los invasores.
A la mañana siguiente, cuando fueron a buscarlos para incinerarlos,
descubrieron que el blondo soldado no estaba allí. Había desaparecido.Panambi,
con sus encantos sedujo a los guardias que lo custodiaban y así consiguió liberarlo.
Añá
Transcurrido
un tiempo los bravos de Taguató encontraron el cuerpo sin vida de Panambi,
la hermosa enamoradora. El extranjero la abandonó poco despuésde su liberación. Ella que continuaba
queriéndolo, lloró durante días hasta que murió al pie de una enredadera
conocida como isipó.
Isipó
Los guerreros guaraníes
que la hallaron vieron que sobre ella revoloteaba un insecto bellísimo, con
grandes alas que parecían iluminadas con luces de varios colores. Era la mariposa
que acababa de nacer y que rápidamente
iba cambiando de flor. Se posaba alegremente en cada una y volaba de inmediato
a la siguiente, como anteriormente bajo otra forma (la de Panambi) la querida
joven, la cuñataí, lo hiciera.
Panambi – Gloria Marecos
La historia
guaraní de la mariposa ha sido recogida (y modificada) de la hallada
en el libro Leyendas y supersticiones
de Serafín J. García, que fuera publicado en Montevideo en 1968 y cuya
Primera Parte está dedicada a las Leyendas Americanas. También ha servido como Fuente
el Diccionario de Mitos yLeyendas del Equipo NAyA, que se puede
consultar en: http://www.cuco.com.ar/
El pueblo cuenta
N° 13 Año 2
Setiembre de 2018
Texto: Alicia Grela Vázquez
Imagen: Elsa Sposaro
SUMARIO
Mburucuyá La yerba mate
Mburucuyá
La Pasionaria (Pasiflora o Mburucuyá es una planta con un nombre llamativo, simbólico y bilingüe. Fue llamada flor de la pasión, al ser encontrada en Perú a comienzos del siglo XVI. Rápidamente se extendió por Brasil, México, Estados Unidos y las Antillas. En Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay crece espontáneamente. Pero también es cultivada con fines ornamentales y medicinales.
Pasionaria (Pasiflora o Mburucuyá)
Lleva ese nombre desde el siglo XVII, cuando el papa Pablo V interpretó que simbolizaba la Pasión de Cristo, por los filamentos que componen la flor evocando la corona de espinas de Jesús. A su vez los estambres representarían las cinco heridas en el cuerpo, los tres estilos, los clavos de la cruz y los pétalos, a los doce apóstoles.
Pablo V (Camillo Borghese) – Caravaggio
Los jesuitas en las misiones también asociaron la flor del Mburucuyá a la pasión cristiana a las llagas y las cuerdas con que ataron al Salvador en el Calvario. Los religiosos creyeron ver, en sus frutos rojos, las gotas coaguladas de la sangre de Cristo. Esta singular flor al ponerse el sol se cierra. Pero al amanecer, se abre nuevamente y recobra toda su lozanía natural.
Pasionaria (Pasiflora o Mburucuyá)
Existen cientos de especies del género de las pasifloráceas clasificadas por Linneo. Sus lianas trepadoras llegan en altura a los nueve metros. Sus tallos son leñosos, su raíz perenne y sus flores de variados colores (blanco, rosa, lavanda, malva) de unos cinco centímetros de diámetro) exhalan un aroma agradable. La corola está formada por pétalos rodeados de un círculo triple de filamentos finos.
Pasionaria (Pasiflora o Mburucuyá)
Esta planta ha sido utilizada para elaborar cataplasmas para quemaduras, heridas e inflamaciones. Su flor primaveral contiene compuestos analgésicos, calmantes del dolor y ansiolíticos. Se usa como sedante hipnótico suave y paliativo de la hipertensión arterial. Una infusión hecha con esta flor beneficia la salud, pero también puede tener efectos adversos.
Pasionaria (Pasiflora o Mburucuyá)
A fines del verano o principios del otoño la Pasionaria (Pasiflora o Mburucuyá) da un fruto de color amarillento que es comestible, pero sólo si está maduro. Pues, de lo contrario puede resultar tóxico y provocar daños estomacales. Si la dosis fuera muy elevada, incluso podría llevar a la pérdida de la consciencia y provocar alucinaciones.
Mburucuyá
Ademásde esto, El Pueblo Guaraní Cuenta la leyenda de la flor de la Pasionaria. Ella era una hermosa doncella española llegada a las tierras americanas acompañando a su padre, un capitán de la armada de la corona española. Mburucuyá no era su nombre de pila cristiano. El tierno apodo que se lo había dado un guaraní, que ella amaba secretamente.
Pasionaria (Pasiflora o Mburucuyá)
Ella se encontraba a escondidas con el nativo, ya que el conquistador no habría aprobado esa relación. El padre, por otra parte, ya tenía decidido que su niña desposara a otro capitán a quien el invasor creía digno de obtener la mano de su única hija para casarse. Pero, cuando el progenitor reveló los planes de compromiso matrimonial a la joven, ella le suplicó que no la condenara a consumirse junto a un hombre que no amaba.
Pasionaria (Pasiflora o Mburucuyá)
Sin embargo los ruegos de la infortunada, sólo sirvieron para encender la cólera de su padre. La doncella lloró desconsoladamente y trató de conmover al duro e inflexible padre. Pero el capitán le confirmó su decisión a la pequeña enamorada. Además le ordenó permanecer confinada dentro de la casa hasta que se celebrara boda no deseada por ella.
Mburucuyá debió limitarse a ver a su amado desde la ventana de su habitación, dado que no estaba autorizada a salir a los jardines por la noche y difícilmente lograría burlar la vigilancia paterna. Sin embargo, consiguió enviar a una criada de su confianza para que le contara a su enamorado todo sobre su limitada situación y el proyecto paterno para un nefasto futuro.
Mburucuyá
El joven guaraní no se resignó a perderla y todas las noches se acercaba a la casa de su bien amada intentando verla. Para eso vigilaba el lugar durante las largas horas de la noche, y sólo cuando advertía que las primeras luces del alba podían delatar su posición, se retiraba con el corazón entristecido, aunque no sin antes hacer sonar en su flauta una melodía melancólica.
Mburucuyá no podía verlo, pero esa música llegaba a sus oídos y la colmaba de alegría, pues le confirmaba la permanencia de su amor. Pero una mañana no la arrulló el agudo sonido del apreciado instrumento. Esperó en vano cada noche la vuelta de su amado, imaginando que él podría estar herido en la selva, víctima tal vez del ataque de alguna fiera.
Mburucuyá
Y, aunque Mburucuyá no podía creer que se hubiese olvidado de ella, su ausencia hizo que la tristeza la consumiera. La niña, cuya piel antes era blanca y brillante, se volvió gris y opaca y sus ojos perdieron los vivaces destellos violáceos. Sus labios, que rojos solían sonreír, se cerraron en una mueca amarga, para callar su inefable dolor, para que nadie pudiese conocer su inmensa pena amor.
Sin embargo, pese a todo ella permaneció frente a su ventana, pensando que quizás vería aparecer a su amante. Luego de varios días entre los matorrales cercanos advirtió la figura de una anciana guaraní. Era la madre de su amado. Ella se acercó para decirle que el joven había sido asesinado por el capitán, su padre, tras descubrir el oculto romance.
Anciana – Horacio Guimaraens
Mburucuyá pareció recobrar sus fuerzas. Se escapó por la ventana y siguió a la mujer hasta el lugar en que yacía el cuerpo sin vida del joven. Luego lo depositó en la fosa que, loca de dolor, cavó con sus manos. Finalmente le confesó a la madre de la víctima que pondría fin a su propia existencia, pues había perdido lo único que le daba sentido a su mundo.
Joven guaraní
Mburucuyá tomó una de las flechas de su amado y le pidió a la madre de su eterno y único amor que una vez que fuese consumado el suicidio, cubriera ambas tumbas y les permitiera descansar juntos para siempre. Y luego, al clavar la afilada punta en el medio de su pecho, se desplomó y cayó junto a quien había amado hasta morir.
La anciana madre vio con sorpresa que las plumas adheridas a la flecha mortal (que fuera de su hijo) comenzaban a transformarse en una flor desconocida que surgía del corazón de Mburucuyá. Fiel a su promesa, cumplió con ella, cubriendo el lugar en que inertes yacían los amantes.
El canto de los Karaí - Ricardo Flecha
Poco tiempo después, quienes recorrían habitualmente la región comenzaron a hablar de una extraña planta, desconocida hasta entonces por ellos. Notaron los guaraníes que sus flores (las de la Pasionaria o Mburucuyá) se cerraban por la noche y se abrían al amanecer con los primeros rayos del sol. Advirtieron que se comportaba como si el nuevo día la volviera a la vida.
Danza con tacuara - Rikardo Flecha
El Pueblo Cuenta otra versión de la leyenda del Mburucuyá, en que se destaca la figura de un religioso cristiano. Esta historiafuerecogida por Marisa López Palmeyro y publicada en: https://rescatando-mi-cultura-guaran.blogspot.com.ar/2015/02/la-leyenda-de-la-flor-del-mburucuya.html
Mburucuyá
Un clérigo Jesuita llegó a las Misiones del noreste argentino con el propósito de predicar las enseñanzas del Evangelio. Él cruzaba diariamente la selva buscando a los nativos para convertirlos al cristianismo. Hasta que una vez, al cruzar una picada, oyó el angustioso llanto de una niña que se había refugiado trepándose a un árbol al ser perseguida por un yaguareté.
El misionero resueltamente se dirigió hacia allí. Con eso atrajo sobre sí la atención del feroz animal. Simultáneamente le gritó a la criatura para que huyera y se salvase. La fiera abandonó a una presa: la pequeña, por otra: el sacerdote y se abalanzó sobre él. Con potentes zarpazos le quitó la vida. La sangre del predicador regó el suelo, sobre el cual, al poco tiempo nació una planta: la Pasionaria o Mburucuyá, cuya flor le recuerda al mundo las bondades del sacrificio personal en beneficio de los demás.
Mburucuyá
La yerba mate
Leyenda de la Yerba Mate
El Pueblo Guaraní Cuenta que en tiempos remotos, Yasí, la Luna, quiso conocer la tierra por sí misma y verde cerca las maravillas que albergaba. Un buen día decidió bajar a la selva con su amiga Araí, la Nube. Para eso las diosas tomaron la forma de dos mujeres jóvenes y hermosas. Así recorrieron toda la región, hasta que cansadas de andar, buscaron un lugar para descansar.
La Luna y la Nube
Entonces entrevieron acechándolas tras los árboles a un yaguareté agazapado sobre una roca. Súbitamente, la fiera saltó sobre ellas con las zarpas listas para el ataque. En ese preciso instante, se oyó un silbido. El felino herido de muerte cayó atravesado por una flecha. El salvador era un cazador quien al verlas indefensas, se compadeció de ellas y actuó prestamente en consecuencia.
Yasí y Araí
También les ofreció su hospitalidad. Las muchachas aceptaron y lo siguieron, hasta la cabaña. Al entrar el hombre les presentó a su esposa y a su hija, quien, sin pensarlo más les ofreció una tortita de maíz, que era su único y último alimento. Luego las mujeres salieron a buscar el mejor sitio para alojar a las inesperadas, pero bienvenidas visitantes.
Cazador guaraní
Él les contó el motivo de su decisión vivir solos aislados en el monte. La razón de permanecer lejos de su tribu, era salvar y conservar las virtudes, regalo del buen dios Tupá a su hija, su tesoro. Yasí y Araí pasaron la noche y a la mañana siguiente, después de agradecer a la familia su generosa acogida, las divinas huéspedes se alejaron de allí, con rumbo a su morada celeste.
Tupá
Pero pese a estar nuevamente en el cielo, Yasí no olvidó su aventura en la tierra. Cada noche al ver al cazador y a su familia, recordaba su valentía y generosidad. Y conocedora de su sacrificio por amor paternal, decidió premiar a su salvador con un valioso regalo para él, su esposa y el tesoro que tanto cuidaba: la pequeña hija amada.
Yasí, la diosa Luna
Cierta noche, Yasí recorrió los alrededores de la selva sembrando unas semillas mágicas. A la mañana siguiente, ya habían nacido y crecido unos árboles de hojas color verde oscuro con pequeñas flores blancas. El hombre y su familia, al levantarse, contemplaron asombrados esas plantas desconocidas recién aparecidas. De pronto, en el cielo se vio un punto luminoso que descendió hacia ellos con suavidad.
Yasí
Luego de que se posara en tierra, reconocieron que se trataba de una de las doncellas que habían dormido en su casa, que volvía a visitarlos y les dijo:
—Soy Yasí, la diosa Luna. He venido a traerles este presente como recompensa a su generosidad. Esta planta, a la que llamarán caá, nunca permitirá que se sientan solos y será para todos los hombres, un especial símbolo de amistad. También he determinado que sea su hija la dueña de la planta, por lo que, a partir de ahora, ella vivirá por siempre y nunca perderá su bondad, inocencia y belleza.
Caá: Yerba Mate
Yasí, después de mostrarles la manera correcta de secar las hojas, preparó el primer mate y se los ofreció. Luego, regresó satisfecha a su puesto en el cielo. Pasaron muchos años y muertos ya los padres, la hija se convirtió en la divinidad cuidadora de la yerba mate. Es la Caá Yarí, esa hermosa joven que pasea entre las plantas, susurrándoles y velando su crecimiento. A ella, también confían su alma los trabajadores de los yerbatales.
Yerbatal
Las ancianas guaraníes cuentan esta misma leyenda con algunas variantes. Por ejemplo: las diosas Luna y Nube bajaron a la selva e impidieron que un yaguareté matara a una aterrorizada joven, que les ofreció en agradecimiento hospedarlas y alimentarlas, aún desconociendo sus divinas identidades. Por ese gesto se hizo merecedora de ser la Caá Yarí.
Caá Yarí – Viviana Méndez
Caá Yarí es la que cuida no sólo de la yerba mate, sino de las plantaciones y las personas que trabajan en ellas. Los yerbatales, no obstante aún actualmente muestran formas de cruda explotación laboral de adultos y niños. La prohibición legal del trabajo infantil no es razón suficiente para impedir que las empresas la empleen para multiplicar sus beneficios y utilidades.
Trabajo infantil
Pero quizás sea necesario aclarar que la tarea en los yerbales no era fácil, así como ahora tampoco lo es. Entonces requería encontrar un yerbatal lo suficientemente denso y extendido para que no se agotase muy rápidamente. Los recolectores de la yerba mate (los mineros) eran por lo general guaraníes y mestizos y continuaron siéndolo después como mensúes.
Trabajo en los yerbales
Los ancianos del Pueblo GuaraníCuentan que en el corazón de la selva misionera, Yar, un nativo de mucha edad, agobiado por el peso de sus muchos años se detuvo al borde de un arroyo, pues ya no podía seguir moviéndose con su tribu. Sus compañeros siguieron a pie su camino, como era natural en su tribu, que deambulaba, buscando recursos en la tierra, sin agotarla.
Guaraníes
Su modo de vida itinerante, basado en la caza, la pesca y la recolección, implicaba que no se asentarían en un sitio más tiempo de lo que durase una cosecha. Pero, por la limitación impuesta por su avanzada edad, el anciano se quedó el mismo lugar. Entonces su hija Yarí se quedó con él, pues no quiso dejarlo solo y abandonado en la espesura del monte misionero.
Él construyó para los dos un refugio. Una tarde llegó hasta su hogar un extraño. El viajero hablaba en guaraní como ellos. Y pese a que el idioma era el mismo, su aspecto y sus ropas lo hacían parecer forastero, ajeno a esa región y a su etnia. La joven y su padre quisieron agasajar al extraño. Para él asaron un acutí y lo convidaron con ése y otros humildes manjares que el ambiente silvestre les ofrecía.
Acutí
El forastero visitante era el mismísimo Tupá, quien después de haber recibido tantas muestras de hospitalidad por parte de ambos, buscó retribuir sus atenciones y recompensarlos. Por eso les dejó un obsequio para que pudieran dar siempre un generoso agasajo a sus huéspedes y aliviar sus largas y solitarias horas: la yerba mate.
Caá Yarí – Clara Pólito
El dios del bien hizo nacer en la silva un nuevo árbol y nombró a la muchacha como la diosa protectora de ese vegetal. La piadosa niña fue llamada desde entonces Caá Yarí, guardiana y a Yar como custodio de los yerbatales. Luego Tupá enseñó a secar con fuego las ramas y preparar una exquisita infusión vivificadora y estimulante que repondría las fuerzas a quienes la bebiesen y que sus ocasionales visitantes hallarían energizante y deliciosa.
Mateando
Con la conquista los misioneros jesuitas dieron versión adaptada al cristianismo del origen de la planta de yerba mate, querecogió Juan B. Ambrosetti en su obra Supersticiones y leyendas. En ella el beneficiario y benefactor es Jesús, quien después de consultar con sus apóstoles actuó en forma análoga a la de Tupá.
Dios, entonces, lo hizo llamar, y le dijo estas palabras: “Tú que eres pobre has sido generoso; yo te premiaré por esto. Tú posees una hija que es pura e inocente y a quien quieres mucho; yo la haré inmortal, para que jamás desaparezca de la tierra Y Dios la transformó en la planta de la yerba mate, y desde entonces la yerba existe, y aunque se corte vuelve a brotar.
Yerba Mate – Xica
Yerba Mate – Xica
La nueva religión realizó otra adaptación, indicando que Dios, en lugar de transformar a la joven, la hizo dueña de la yerba. Ella aún actualmente supervisa los yerbatales, prodigando sus favores a aquellos que hacen un trato con ella. En la explotación de la yerba, aún después de la expulsión de los jesuitas, trabajaban los llamados mineros por la tarea de encontrar el oro verde.
Mineros de la yerba mate
El minero (guaraní o mestizo), que quisiera pactar con Caá Yarí, debería esperar hasta la Semana Santa, ingresar en la iglesia y prometer que viviría siempre en los montes misioneros y jurar además, que no tendría trato alguno con ninguna otra mujer. De no cumplir, sería duramente castigado.
Caá Yarí
… hecho ese voto, se encamina al monte, depositando en una mata de yerba un papel con su nombre y la hora en que volverá para encontrarse con ella. El día de la cita, el minero debe tener gran presencia de ánimo, pues la Caá Yarí, para probar su valor, lanzará sobre él víboras, sapos, fieras y otros animales propios del monte, sin otro objeto que el de probarlo. En recompensa de su serenidad, se aparece Caá Yarí, joven y hermosa.
Caá Yarí
Esto originó otra leyenda desprendida tal vez de aquélla (o independiente, pero incorporada a ella con posterioridad). En ella se cuenta que los mineros hacían un pacto con la diosa Caá Yarí, para asegurar el éxito de su recolección de la yerba mate silvestre. El trato consistía en una especie voto: vivir siempre en los montes y no estar con ninguna mujer que no fuese ella.
Mensú – Fidel Fernández
Los mineros antes de internarse al monte dejaban bajo una mata de yerba un papelito doblado con su nombre y una fecha determinada en que la diosa, lanzaría contra él los peligrosos animales de la selva, para ponerlo a prueba. Si la pasaba recibiría como premio ser el único en ver a la invisible Caá Yarí, quien le daría sus valiosas hojas.
La cultura guaraní construida en torno a la yerba mate, su medio natural y sus trabajadores han inspirado narraciones populares anónimas y también a escritores de la talla de Horacio Quiroga. Este autor produjo Los mensú, que es un modelo literario por el esmerado uso que hace de las funciones del lenguaje.
Horacio Quiroga
Las artes plásticas y las historietas también han sabido capitalizar su riqueza. Roberto Fontanarrosa, por ejemplo, muestra a los personajes centrales de su tira: Inodoro Pereyra y Mendieta compartiendo un único mate (con dos bombillas), más allá del territorio guaraní (en medio de la llanura pampeana).
Mateando – Roberto Fontanarrosa
El cine mostró el mundo de la yerba mate y también denunció la situación laboral próxima a la esclavitud, a que dio lugar. Mario Sóffici dirigió en 1939 Los prisioneros de la tierra; y en 1952 el realizador Hugo del Carril lo volvió a presentar en su película Las aguas bajan turbias, (Infierno Verde) basada en la novela El río oscuro de Alfredo Varela.
Las aguas bajan turbias
La Escultura, como las otras Artes Plásticas, ha respondido a la invitación hecha por el tema legendario con producciones variadas. Estas obras han servido para ilustrar al público sobre la cultura guaraní y embellecer los ya atrayentes lugares naturales. Un ejemplo digno de ser tenido en cuenta está en la boca del arroyo Yabebirí (Río de las Rayas) en la Provincia de Misiones, Argentina.
Yar, la Luna, la Nube y el Yaguareté
La Música también se hizo eco y dio su melódico testimonio. Algunos artistas afamados contribuyeron al conocimiento del mundo de los oprimidos trabajadores de los yerbatales. Entre ellos destacan los nombres de Soledad, el Chaqueño Palavecino, Los Nocheros, Ramón Ayala, Los Manseros Santiagueños y Horacio Guaraní.
El Mensú
Soledad. Chaqueño Palavecino. Los Nocheros
El Mensú
Horacio Guaraní
La Danza aunó la historia contada por la leyenda con la música, empleando el cuerpo como instrumento privilegiado, cuya ductilidad permitió lograr movimientos que concretasen una coreografía de hermosa plasticidad, como la de Luis Marinoni para el Ballet Folklórico Nacional Argentino, en su versión de Pacto y Muerte del Mensú.